En mi primer negocio de ventas por Internet vendía películas originales en DVD, con envío a cualquier parte del país. En ese momento acababa de renunciar a mi trabajo «normal» y andaba apurado con aumentar las ventas. Buscaba cerrar cualquier venta a como diera lugar, tratando de complacer a toda petición de los compradores. Muchos compradores potenciales que vivían en mi ciudad me pedían que les hiciera la entrega de manera personal. Algunos buscaban ahorrarse el envío, otros argumentaban que no les daba confianza pagar antes de recibir el producto, etc. Como novato en el tema de ventas por Internet, decidí acceder a las primeras 5 peticiones (hasta que aprendí la lección).

  • Primer «comprador»: Demasiado complicado acordar un lugar intermedio y horario que acomodara a ambos. Vivía demasiado retirado a mi domicilio y sus horarios eran demasiado temprano o demasiado tarde (antes o después de su trabajo). Después de varios e-mails y llamadas no logramos ponernos de acuerdo. Perdí unos 30 minutos de tiempo y el costo de un par de minutos de celular.
  • Segundo «comprador»: Coincidió que su trabajo estaba cerca de la oficina postal a donde yo de cualquier forma tenía que llevar los paquetes. Acordamos un horario, pero por un pretexto u otro llegó 45 minutos tarde. Dicho tiempo puede haberlo aprovechado en algo de mayor valor.
  • Tercer «comprador»: Le urgía el producto para un regalo. Acordamos vernos en una plaza comercial que nos acomodaba a ambos. Finalmente nunca se presentó a la hora acordada y dejó de contestar el celular. Al día siguiente se disculpó por mail, argumentando que prefirió comprar otra cosa de regalo. Más de 2 horas perdidas, gasolina, costo del estacionamiento, estrés y desgaste físico/mental.
  • Cuarto «comprador»: Acordé de verlo en la estación del metro más cercana a la oficina postal donde de cualquier forma tenía que llevar los paquetes. Llegó a tiempo, pero a la mera hora quiso «negociar» el precio previamente pactado. A pesar de que ya se estaba ahorrando el envío, quería que le descontara aún más el precio. Luego se molestó y decidió no concretar la compra. Además del tiempo perdido (20 minutos), me hizo pasar corajes.
  • Quinto y último «comprador»: Este comprador vivía bastante retirado de mi zona, pero deseaba comprar varias temporadas de una famosa serie de televisión. Al ser una buena venta, le ofrecí absorber los costos de envío. Sin embargo, el comprador argumentó que nunca había nadie en su casa que recibiera el producto. Nos pusimos de acuerdo para vernos en un punto intermedio (una plaza comercial). Lo estuve esperando 30 minutos hasta que decidí hablarle a su celular. Salió con que no pudo juntar el dinero y que de momento no haría la compra. Se disculpó por dejarme «plantado» y dijo no tener crédito en su celular para llamarme.

Después de todas las complicaciones decidí no volver a ofrecer entregas personales. Me di cuenta que es mejor emplear mi tiempo en actividades que generen mayor valor al negocio.  Cada venta con entrega personal me generó pérdidas en lugar de ganancias. Desde entonces, todas las entregas son realizadas por compañías que a eso se dedican y pueden hacerlas más eficientemente.

Conclusión:

Realizar entregas personales requiere de tiempo, dinero y esfuerzo. Antes de ofrecer entregas en persona hay que evaluar si es conveniente. Tomar en cuenta que muchos compradores son impuntuales o se arrepienten de último momento (te dejarán «plantado»). Algunos productos con grandes márgenes de utilidad, altos costos y bajos volúmenes de venta pudieran justificar un servicio personal. Pero para productos cuyo volumen de venta es alto o la utilidad es baja, ofrecer entregas personales normalmente representa una pérdida.

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